Hoy decidimos aprovechar el buen tiempo y seguir con el plan
previsto, es decir, visitar Vannes, Carnac y Quiberón.
Comenzamos por Vannes, que está a unos 20 minutos del
camping. Aparcamos en pleno centro, y nos informamos de que no se paga hasta
las 14h. Damos un paseo por esta ciudad que data del tiempo de los romanos,
importante en todas las épocas gracias a su puerto. Con Vannes nos pasa algo
que ya hemos visto en La Rochelle. El centro histórico es muy bonito, pero la ciudad
moderna es soberanamente fea. Creemos que quizás se deba a que fueron ciudades
castigadas por la II Guerra Mundial, y que a la hora de reconstruirlas no
anduvieron con muchos miramientos.
En cualquier caso, damos una vuelta admirando las casas
típicas de la Bretaña, con antiguos entramados de madera que en algunas
ocasiones parecen estar haciendo equilibrios para no caer. La zona más vistosa
son los jardines al pie de la muralla, muy cuidados y bonitos. Lástima que la
temperatura (33º) no hace agradable estar al sol, y sólo hay un árbol en toda
la zona.
Después caminamos por el interior del casco antiguo. Las calles de los
alrededores de la catedral son las más bonitas, llenas de tiendas y bares. Visitamos también la catedral, amplia y agradablemente fresca en un día como
este. Aquí están los restos de San Vicente Ferrer, un monje dominico valenciano
(actualmente patrón de la Comunidad Valenciana) que acabó aquí sus días.
Después del paseo, volvemos al coche cruzando la "porte de la
prision", uno de los accesos a través de las murallas.
Teniendo en cuenta el calor (34º) decidimos ir a darnos un
baño a la playa y comer allí, así que enfilamos hacia la península de Quiberon.
El tránsito es intenso, así que tardamos un poco más en llegar, y nos dirigimos
a la Côte Sauvage. Es curiosos que todo en esta zona está pensado para
aprovechar hasta el último rayo de sol, lo que en días como hoy es un problema.
No hay apenas árboles, ni sombras. Aquí habitualmente llueve, pero como
nosotros arrastramos ola de calor allí donde vamos, hemos traído temperaturas
exageradas para lo que aquí es normal. Finalmente, aparcamos cerca del Arc
Blanche, y vamos caminando hasta la playa. El camino se hace largo, quizá no lo
era, o quizá sí. Pero con este sol y calor, nos lo parece. La playa aquí es una
amplia cala bordeada por pequeños acantilados, con las ruinas de una antigua
casa en uno de loslados. Llegamos en modo dominguero, con la cesta de playa y
la nevera, y nos ponemos (cómo no) en primera fila. Claro, no venimos
preparados, así que ni tenemos sombrilla, ni yo he cogido las chanclas ni
llevamos los bañadores puestos. Organizamos con las toallas un
"reservado" y las mujeres se ponen los bañadores. Llega mi turno, y
el bañador no aparece. Debe haberse caído en el maletero del coche.... no me
apetece volver a pegarme la pateada hasta el coche para cogerlo, así que tras
meter los pies y ver que el agua está helada, decido prescindir del baño.
Bueno, eso pienso durante tres minutos. El sol pega de pleno, y veo que no voy
a aguantar el calor mucho rato. Así que por no volver a por el bañador, me
quito los pantalones y al agua! Para mí el baño es rápido. El agua en esta zona
está a unos 18º, así que tras bucear un poco y dar unas cuantas brazadas me
salgo. Eso sí, fresquito para comer.
Tras un rato, algún chapuzón más, y haber retirado las
toallas tres veces (la marea que sube!) recogemos y volvemos al coche. Esta vez
damos un pequeño rodeo para ver el Arc Blanche. La playa es todavía más bonita
y claramente deberíamos haberla elegido, pero el calor ablanda el cerebro y por
no haber venido a verla, elegimos la otra que estaba más cerca.
Desde aquí, ya de vuelta, pasamos por Carnac. Este es un
increíble alineamiento megalítico, con miles de menhires dispuestos en filas a
lo largo de varios kilómetros. Lo cierto es que, por impresionante que sea
pensar en cómo y por qué los habitantes de la zona hicieron esto hace 6000
años, con parar y sacar unas fotos hemos tenido bastante. Puede que el
agobiante calor y el sol ayuden a quitarnos de la cabeza la idea de pasear. En
cualquier caso, hay varios tipos de "tour" (caminando, en trenecito,
en coche de caballos, ...) con diferentes precios. Después hemos dado un poco
más de rodeo por seguir la carretera que va paralela a los menhires, de forma
que pudimos ver casi toda la extensión desde el coche.
Emprendemos el regreso, haciendo un alto en un Lidl ya cerca
del camping para comprar provisiones para los próximos dos días. Al llegar al camping,
ni vamos a la parcela. Pasamos primero por la piscina exterior (el parque
acuático ya está cerrado) y nos refrescamos un rato. Aquí también tenemos un
tobogán en el que, sobre todo la peque, disfrutamos un buen rato hasta que
cierran.
Volvemos a la caravana, hacemos turno de duchas, y cenamos
bajo nuestro toldo y su "magnífica iluminación de LEDs"... ha costado
tiempo instalarlos, pero la verdad es que la solución ha sido genial.












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