sábado, 20 de agosto de 2016

Día 5 - Pueblos con encanto, Rochefort en Terre y Josselin (17/08/16)

La previsión del tiempo para hoy era de lluvia todo el día, pero parece que finalmente el frente se ha retrasado a la tarde, así que aprovechamos para visitar los pueblos medievales de Rochefort-en-Terre y Josselin. El primero está bastante cerca del camping, llegamos en menos de 20 minutos. 

Tenemos suerte y, aunque hay gente, aparcamos muy cerca del centro. Visitamos primero el castillo, que tiene más de palacete con jardines y muralla, que de castillo tal y como lo conocemos. Además, el plano de base del castillo coincide con la parte superior de la muralla, lo que le da unas vistas destacables sin que la muralla nos tape la visión. 





Bajamos al pueblo a través de un pequeño portalón en la muralla y llegamos al centro. Como es la hora de comer y tenemos hambre, nada más ver una creperie con terraza nos convence y nos quedamos. Mónica y yo probamos las "galettes", que son una versión típica bretona de los crêpes, pero con una masa más fina, crujiente y porosa. Eso sí, curiosamente las galettes son saladas, mientras que los crepes son dulces. Mónica y yo compartimos una galette "Le Berger" (a base de quesos y tomate confitado) y una "Norvegien" (a base de salmón ahumado y crema), ambas servidas con ensalada en el plato (curioso!). La peque prefiere un crepe, pero lo quiere salado, así que pedimos que se lo hagan de jamón y queso. Comemos bastante bien, pese al bochorno que hace hoy, y además probamos una curiosa cerveza "bio local". La factura (29€) más que aceptable, e incluso barata teniendo en cuenta lo turístico del lugar.



Seguimos visitando el pueblo, que ha sido elegido en 2016 como "Pueblo preferido por los franceses", y la verdad es que parece un parque temático. Las casas están perfectamente restauradas y cuidadas, las plazas y las calles adornadas y llenas de flores. Hay que acercarse a las paredes para comprobar que son piedras que llevan allí cientos de años, y no un decorado de cartón piedra. Seguimos dando un paseo, sacando fotos y empapándonos del lugar. Por desgracia, también es muy pequeño por lo que en breve está visitado.





Ahora cogemos el coche y ponemos rumbo a Josselin. Aquí venimos porque a Caralt le han gustado las fotos y le hace ilusión ver el castillo. Aparcamos otra vez al lado del centro, esta vez junto al río desde donde se tiene la vista más impresionante del castillo. Subimos por una pequeña puerta en la muralla, y salimos a otro centro histórico verdaderamente bonito. Este es menos espectacular que Rochefort, pero parece más real. Las plazas llenas de gente, de terrazas de bares, las casas antiguas,... el lugar merece la pena. 



Aprovechamos para visitar la basílica. Lógicamente no es tan espectacular como la catedral de Vannes, pero es grande, espaciosa y tiene un órgano impresionante. Lástima que no podamos oírlo, porque debe ser impactante. 



Vamos paseando de vuelta al coche, y nos ponemos rumbo al camping. Hacemos una parada para rellenar el depósito (mañana volvemos a tener etapa), y llegamos al camping a tiempo de ponernos los bañadores e ir con Caralt al parque acuático una hora y media.


Cuando volvemos se pone a llover, y aunque lo hace durante poco rato es suficiente para mojarlo todo. Bueno, al menos no nos ha molestado la lluvia durante las excursiones. De momento estamos preparando para cenar en la caravana (Mónica está preparando una tortilla de patatas con chorizo), y veremos si luego podemos ir al bar a hacer el mojito de despedida, o nos esperamos a mañana y hacemos el de bienvenida en el Domain des Ormes.


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